Esto más que una critica o vapuleo a los diletantes de la doctrina de Kafka y de toda su obra póstuma (que es la que mayor caudal de su bastas publicaciones), es simplemente una paradoja, la cual se me presento ya que me considero dentro del clan mencionado.
Antes de leer un libro de algún autor forastero a mi biblioteca, tenía una insana costumbre de empaparme biográficamente sobre dicho sujeto o hecho, si el mismo era el móvil de la escritura, (algo que me parece lleno de lógica, pero que abruptamente se vacía, cuando doy a conocer que nunca e efectuado esta pregunta a nadie). Tomando como culpable a este habito de reiteradas “desilusiones” literarias, las me llevaron a ver esa practica como algo execrable, necesitaba extirparlo de mi modus operan di, y estoy en condiciones de fundamentar este deseo, sin ser un gramo petulante o por lo menos no lo deseo. Ya que en varias situaciones en las que me encontré con el desenlace, muchas paginas antes del final de un libro, o deducir conductas futuras, con certeza, de personajes. También afecto mi predisposición a la lectura de ciertos autores, por creerlos incoherente con sus ideales e ideas políticas-sociales, pero esto es solo un dato más personal, no lo vinculo con el protagonista del texto. Finalmente pude avezar la situacion. El primer autor que fue leído bajo mi nueva y forzada concepción no fue otro que Franz Kafka, una mala o tal vez buena elección, basando mi dubitación en que si con los conocimientos biográficos ahora sabidos, sin haber leído nada de Èl, jamás me hubiera atrevido a abrir un libro de una publicación póstuma. Y pudiendo reflejar lo negativo en al muy nimio, ya que las publicaciones de Franz estuvieron sobrecargadas de dilemas familiares, que remiten visceral mente, su biografía con su bibliografía, siendo la bibliografía de sus textos, su misma biografía.
Lo que deseo, con este pseudo ensayo, es trasmitir los motivos y contexto que me llevo a preguntarme con que autoridad, con que seriedad, con que coherencia, con que vehemencia, con que ética, con que confianza, y con que lógica podemos tomar las publicaciones póstumas de Franz Kafka, si su ultimo deseo, que no es una nimiedad, fue que se quemaran.
El trasmitió este deseo mediante la palabra. Luego abarajando la posibilidad de que tal vez esas palabras hayan sido dichas, en un contexto proclive a la confusión y así apañar un mala interpretacion, aclaró mediante puño y letra, dejando sentado con ferviente vehemencia lo que deseaba.
Supongamos que Franz hubiera sido bioquímico, y que en vez de textos Él creaba medicamentos, vacunas etc... Pero nunca dadas a conocer públicamente, solamente con su círculo de amistad. Y su ultimo deseo hubiese sido que, ese mismo circulo, quemara todas sus formulas. También en esta situación sus amigos lo omiten y empiezan venderlos, ¿Nosotros los tomaríamos?, Si su propio creador ya las condeno a muerte. Solo un creador sabe los sin fines y recondidades de sus creaciones. La actitud de su pareja, Dora Diamant, y Max Brod, su amigo, hizo entrar a Franz en una contradicción involuntaria. Aunque ellos disculpen su omisión.
Veamos una situación en un ámbito diferente, por así decirlo, para poder observar puntualmente a que le adjudico la contradicción involuntaria y voluntaria. Voy a exhibir estas dos contradicciones empezando por la última, utilizando un Ej. criollo, ya que lamentablemente el gobierno florece de contradicciones pero a diferencia de las contradicciones de Franz, las del gobierno nacional están concebidas por la negligencia y la corrupción completamente voluntaria.
En el año 2002, luego de la devaluación, el gobierno provincial, quien es ese momento lo comandaba aquel “señor” risueño que firmaba zapatillas, lanzo un bono de emergencia, el Patacón, que el gobierno lo llamo Letra de Tesorería para Cancelar Obligaciones, luego vinieron otros bonos provinciales como, el lecop, pero el Patacón fue el que más impacto y fluidez tuvo en la sociedad. El gobierno se jacto de que, el mismo, era igual al equivalente del peso convertible, y siempre hizo alusión del “peso”, valga la redundancia, que tenia esa cuasi moneda; Con esta misma se pagaron en su totalidad, sueldos de empleados públicos, pero no todos los empleados públicos recibieron la misma consideración, por supuesto que los empleados que residen en el senado o en el congreso y hasta la mismísima casa rosada no la compartieron, y dudo que alguna vez un billete de esta cuasi moneda haya pasado por sus billeteras, rebalsadas de próceres del norte, sabido que no del nuestro. Logrando de esta manera una contradicción voluntaria y apañada por sus protagonistas. Este ejemplo se convierte en una contradicción involuntaria si el gobierno hubiera ordenado que no se pague, con ese bono, a los empleados públicos, y que luego, en el largo y corrupto camino de la burocracia, el rumbo de esas órdenes se desvíe, sin consentimiento de sus progenitores.
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