Las hojas pasan, el inevitable desenlace asoma vertiginosamente, sin pasar por alto lo enigmático, para delicia de mis sentidos; a uno de ellos, afortunadamente, lo sorprende por asalto la memoria la cual expone un recordatorio muy importante: — ¡15hs cita! ¡Y si que era importante, que mi frágil memoria lo retuvo! —pensé. Lo que dio paso al acto reflejo de dirigir la cabeza 130º hacia la pared, sin respuesta en la misma, a la izquierda y derecha luego, con el mismo éxito. Recordé instantáneamente aquel viejo reloj, ¿Como olvidarlo?, fue lo único que nadie quiso del tan dirimido testamento del abuelo. El mismo se alojaba en la habitación contigua, que era una suerte de depósito. Me acerque a la puerta, tome el picaporte con mi mano derecha y comencé a girarlo. Me encontraba solo en la casa, pero si alguien hubiera estado ahí para observarme, inevitablemente hubiera podido percibir el dejo de desconfianza que moldeaba mis movimientos. La puerta estaba cerrada sin llave, el simple girar del picaporte y un leve empujón dejo la habitación lista para examinarla. Detecte precozmente el reloj gracias a su rimbombante contextura, pero sin poder divisar con claridad las agujas. La luz estaba apagada y de por si es un espacio muy oscuro, hasta podría afirmar -entre nos- que se respira un aire turbio y displicente. Sin moverme del umbral, ni retirar la mirada del reloj estire el brazo izquierdo buscando con la palma abierta sobre la pared la pequeña perilla, el tacto denuncio al deslucido y áspero empapelado, — ¡Clap! —chillo la perilla; y la luz inundo el deposito, 14:59 declaro el reloj. Solté una maldición por mi atraso, pero a pesar de la negativa no aparte la mirada del reloj, como buscando inconscientemente un consuelo, el cual para mi asombro, apareció repentinamente. Percibí que la pequeña aguja del segundero no podía rebasar el momento 0 de su recorrido. —Esta parado...ufff!!! —me dije— .Y solté un resople casi confortador, inmediatamente lo confortador se convirtió en incertidumbre.
Empecé a requisar minuciosamente la casa en busca del tiempo, pero sin éxito alguno. Esto puso en mí, un semblante bastante histriónico y desconcertante. Me detuve a pesar en serena tranquilidad acompañado de un cigarro. Esto arrojo 2 posibilidades, en la televisión (algunos canales, los de noticia generalmente, suelen tener un reloj en la pantalla), estaría la primera. Me dirigí precipitadamente desde la cocina hasta el
comedor, busque el control, como es de costumbre no lo encuentro. Entonces me dispuse a encenderla como si fuera mi vieja Hitachi. Una vez mas mi suerte alimento la incertidumbre; el mal clima averió la señal del cable. El acto seguido se simplifica con puras maldiciones a Multicanal S.A. Rápidamente la segunda posibilidad salia a flote, el 113 seria la solución. El único teléfono de la casa se encontraba en mi habitación, a 32 escalones y un vestíbulo de donde me encontraba, ensimismado emprendo el corto pero interminable recorrido, mis pasos van despacio pero con firmeza, el crujido del parque no me dejaba mentir. Poco a poco empecé apresurarme, cual caballo se acerca a su tranquera…. Un grito corta el silencio de la casa. Gracias a la enardecida búsqueda y mi execrable torpeza, mi pie desnudo impacto contra el último escalón que me separaba del piso del vestíbulo. A pesar de la crudeza del golpe, no hice mayor escándalo 3 0 4 segundos de berrinches e insultos al petrificado obstáculo, ya que mi prioridad estaba en otro lado.
Al ingresar a la habitación, vislumbre el blanco aparatejo que ahuyentaría las perplejidades. Me acerque con una apacible cautela, efecto de la seguridad que el teléfono me daría, y que todos estos sucesivos actos culminados por una adversité al fin terminarían. Levante el tubo con un cierto recelo, el cual no puedo explicar aun, y un peculiar tono resonó en mi oído —Funciona —me dije — con una mueca de alivio. Me dispuse a marcar, mis dedos se hundieron en el teléfono —Tuuuuuuuuuuuuuuuu pip!... catorce horas, cincuenta y nueve minutos, cero segundo — aviso.
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