Lamentablemente me veo en la tarea de denunciar una actitud que no es de emular.
El día sábado 26 de mayo, fue el cumpleaños de una amiga, la misma decidió festejarlo en -Bar Chavela, www.chavelabar.com.ar – en el cual hizo reservas, al llegar a la puerta, alrededor de las 2:00am, me dispongo a ingresar, sin antes consultar al seguridad, si efectivamente ahí se ingresaba al local (ya que contaba con 3 puertas adyacentes), a lo que recibí una desabrida afirmación, seguida de un registro visual de mi persona y que culmino con un –si si, es acá, pero vos no podes pasar-, a lo cual respondí -¿Por qué?-, y la respuesta que recibí no fue otra cosa que un eufemismo, hizo alusión que el causante de mi imposibilidad de ingresar era la tela de mis zapatillas (lona), y lo remato con la frase armada -yo no lo dispongo, es orden del lugar-. Comprendí y casi creí en lo que me dijo, pero al segundo de decirme esto, del bar salio un grupo de chicos que llevaban las mismas zapatillas que yo portaba. Lo que dejo en evidencia explicita que la noble tela no era el causante, pero entonces ¿cual o que cosa lo era?, hasta ahora no lo se, ya que el descuellado seguridad no me dirigió nunca mas la mirada, y mucho menos la palabra, dejando que mi criterio, abaraje las posibles causas, las cuales no me hacen muy feliz y todos las podemos imaginar.
Por eso, estas son las actitudes de las cuales, nosotros las personas, nos debemos desprender, y sin duda aprender y comprender, que este pequeño acto de discriminación es solo pequeño, por que se desprende de un ser pequeño que su pujanza está limitada por la frontera del bar, pero lastimosamente esta a la vista de todos, que cuando a este tipo de personas se les amplia su jurisdicción son capaces de construir un muro en la frontera de un país. A ellos les dejo un fragmento que tal vez le sirva para reflexionar. “Es admirable tener la fuerza de un gigante, pero es atroz usar de ella como un gigante" (William Shakespeare, Measure for Measure).
jueves, 31 de mayo de 2007
Apariencia
martes, 15 de mayo de 2007
Evitar... ser?
Evitar … ser?: Está bueno, especialmente en eso de no hacernos los distraídos. Como psicóloga y como cristiana, creo que estamos destinados a lograr el máximo de desarrollos de nuestras capacidades. Y para eso, tenemos que conocerlas. También es importante conocer nuestras fragilidades, para trabajar sobre ellas y modificarlas en la medida de lo posible. Si no creyera que la gente puede cambiar, no creería en terapias ni en conversiones. Pero también encuentro, en lo que decís, como un retrasar de la aventura de vivir. Me parece que si nos demoramos demasiado en nosotros mismos, se nos va yendo la vida. Y no me parece que me parece que valga la pena invertir la vida en descubrir algo tan dinámico como nuestro "ser". Porque cualquier circunstancia puede modificarlo (no somos como una mesa siempre de madera. A veces somos de arcilla y a veces de acero). Creo que algo tan fundante como nuestro ser, se nos escapa a cada rato, como agua de las manos, a menos que lo planteemos en un sentido más superficial como ¿como reaccione hoy ante tal circunstancia? ¿Cómo lo hubiera hecho hace 10 años? ¿Cómo me propongo hacerlo en el futuro? Por que en nosotros, nada es definitivo. Somos seres dinámicos en una historia dinámica, inacabados, siempre en construcción. Unos días capaces de grandes heroísmos y al siguiente, de grandes traiciones (me estoy acordando del pueblo el domingo de Ramos).
La vida es demasiado corta para pasarnos descubriendo quienes somos, mientras el mundo se derrumba alrededor. Creo que podemos ser esa persona practica que mira más bien para el costado y se siente impulsada a extender una mano a quien la necesita, prestar la oreja, dar un vaso de agua o un abrazo. Durante el mismo tiempo, que podría estar "torturándose" con respuestas, quizás subjetivas por que en ese momento le duele la panza y todo lo ve negro o pobre. Yo creo que somos lo que podemos. Y también creo que si no nos hacemos demasiado rollo, podemos mucho más de lo que creemos. Al punto de que si luego volvemos a formular la pregunta, la respuesta es tan otra que nos dejaría asombrados.
Ana Schnaider, BsAs, 30 de marzo de 2007.
lunes, 30 de abril de 2007
Le Synchronisme
Las hojas pasan, el inevitable desenlace asoma vertiginosamente, sin pasar por alto lo enigmático, para delicia de mis sentidos; a uno de ellos, afortunadamente, lo sorprende por asalto la memoria la cual expone un recordatorio muy importante: — ¡15hs cita! ¡Y si que era importante, que mi frágil memoria lo retuvo! —pensé. Lo que dio paso al acto reflejo de dirigir la cabeza 130º hacia la pared, sin respuesta en la misma, a la izquierda y derecha luego, con el mismo éxito. Recordé instantáneamente aquel viejo reloj, ¿Como olvidarlo?, fue lo único que nadie quiso del tan dirimido testamento del abuelo. El mismo se alojaba en la habitación contigua, que era una suerte de depósito. Me acerque a la puerta, tome el picaporte con mi mano derecha y comencé a girarlo. Me encontraba solo en la casa, pero si alguien hubiera estado ahí para observarme, inevitablemente hubiera podido percibir el dejo de desconfianza que moldeaba mis movimientos. La puerta estaba cerrada sin llave, el simple girar del picaporte y un leve empujón dejo la habitación lista para examinarla. Detecte precozmente el reloj gracias a su rimbombante contextura, pero sin poder divisar con claridad las agujas. La luz estaba apagada y de por si es un espacio muy oscuro, hasta podría afirmar -entre nos- que se respira un aire turbio y displicente. Sin moverme del umbral, ni retirar la mirada del reloj estire el brazo izquierdo buscando con la palma abierta sobre la pared la pequeña perilla, el tacto denuncio al deslucido y áspero empapelado, — ¡Clap! —chillo la perilla; y la luz inundo el deposito, 14:59 declaro el reloj. Solté una maldición por mi atraso, pero a pesar de la negativa no aparte la mirada del reloj, como buscando inconscientemente un consuelo, el cual para mi asombro, apareció repentinamente. Percibí que la pequeña aguja del segundero no podía rebasar el momento 0 de su recorrido. —Esta parado...ufff!!! —me dije— .Y solté un resople casi confortador, inmediatamente lo confortador se convirtió en incertidumbre.
Empecé a requisar minuciosamente la casa en busca del tiempo, pero sin éxito alguno. Esto puso en mí, un semblante bastante histriónico y desconcertante. Me detuve a pesar en serena tranquilidad acompañado de un cigarro. Esto arrojo 2 posibilidades, en la televisión (algunos canales, los de noticia generalmente, suelen tener un reloj en la pantalla), estaría la primera. Me dirigí precipitadamente desde la cocina hasta el
comedor, busque el control, como es de costumbre no lo encuentro. Entonces me dispuse a encenderla como si fuera mi vieja Hitachi. Una vez mas mi suerte alimento la incertidumbre; el mal clima averió la señal del cable. El acto seguido se simplifica con puras maldiciones a Multicanal S.A. Rápidamente la segunda posibilidad salia a flote, el 113 seria la solución. El único teléfono de la casa se encontraba en mi habitación, a 32 escalones y un vestíbulo de donde me encontraba, ensimismado emprendo el corto pero interminable recorrido, mis pasos van despacio pero con firmeza, el crujido del parque no me dejaba mentir. Poco a poco empecé apresurarme, cual caballo se acerca a su tranquera…. Un grito corta el silencio de la casa. Gracias a la enardecida búsqueda y mi execrable torpeza, mi pie desnudo impacto contra el último escalón que me separaba del piso del vestíbulo. A pesar de la crudeza del golpe, no hice mayor escándalo 3 0 4 segundos de berrinches e insultos al petrificado obstáculo, ya que mi prioridad estaba en otro lado.
Al ingresar a la habitación, vislumbre el blanco aparatejo que ahuyentaría las perplejidades. Me acerque con una apacible cautela, efecto de la seguridad que el teléfono me daría, y que todos estos sucesivos actos culminados por una adversité al fin terminarían. Levante el tubo con un cierto recelo, el cual no puedo explicar aun, y un peculiar tono resonó en mi oído —Funciona —me dije — con una mueca de alivio. Me dispuse a marcar, mis dedos se hundieron en el teléfono —Tuuuuuuuuuuuuuuuu pip!... catorce horas, cincuenta y nueve minutos, cero segundo — aviso.
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viernes, 30 de marzo de 2007
Para los "Kafkianos"
Esto más que una critica o vapuleo a los diletantes de la doctrina de Kafka y de toda su obra póstuma (que es la que mayor caudal de su bastas publicaciones), es simplemente una paradoja, la cual se me presento ya que me considero dentro del clan mencionado.
Antes de leer un libro de algún autor forastero a mi biblioteca, tenía una insana costumbre de empaparme biográficamente sobre dicho sujeto o hecho, si el mismo era el móvil de la escritura, (algo que me parece lleno de lógica, pero que abruptamente se vacía, cuando doy a conocer que nunca e efectuado esta pregunta a nadie). Tomando como culpable a este habito de reiteradas “desilusiones” literarias, las me llevaron a ver esa practica como algo execrable, necesitaba extirparlo de mi modus operan di, y estoy en condiciones de fundamentar este deseo, sin ser un gramo petulante o por lo menos no lo deseo. Ya que en varias situaciones en las que me encontré con el desenlace, muchas paginas antes del final de un libro, o deducir conductas futuras, con certeza, de personajes. También afecto mi predisposición a la lectura de ciertos autores, por creerlos incoherente con sus ideales e ideas políticas-sociales, pero esto es solo un dato más personal, no lo vinculo con el protagonista del texto. Finalmente pude avezar la situacion. El primer autor que fue leído bajo mi nueva y forzada concepción no fue otro que Franz Kafka, una mala o tal vez buena elección, basando mi dubitación en que si con los conocimientos biográficos ahora sabidos, sin haber leído nada de Èl, jamás me hubiera atrevido a abrir un libro de una publicación póstuma. Y pudiendo reflejar lo negativo en al muy nimio, ya que las publicaciones de Franz estuvieron sobrecargadas de dilemas familiares, que remiten visceral mente, su biografía con su bibliografía, siendo la bibliografía de sus textos, su misma biografía.
Lo que deseo, con este pseudo ensayo, es trasmitir los motivos y contexto que me llevo a preguntarme con que autoridad, con que seriedad, con que coherencia, con que vehemencia, con que ética, con que confianza, y con que lógica podemos tomar las publicaciones póstumas de Franz Kafka, si su ultimo deseo, que no es una nimiedad, fue que se quemaran.
El trasmitió este deseo mediante la palabra. Luego abarajando la posibilidad de que tal vez esas palabras hayan sido dichas, en un contexto proclive a la confusión y así apañar un mala interpretacion, aclaró mediante puño y letra, dejando sentado con ferviente vehemencia lo que deseaba.
Supongamos que Franz hubiera sido bioquímico, y que en vez de textos Él creaba medicamentos, vacunas etc... Pero nunca dadas a conocer públicamente, solamente con su círculo de amistad. Y su ultimo deseo hubiese sido que, ese mismo circulo, quemara todas sus formulas. También en esta situación sus amigos lo omiten y empiezan venderlos, ¿Nosotros los tomaríamos?, Si su propio creador ya las condeno a muerte. Solo un creador sabe los sin fines y recondidades de sus creaciones. La actitud de su pareja, Dora Diamant, y Max Brod, su amigo, hizo entrar a Franz en una contradicción involuntaria. Aunque ellos disculpen su omisión.
Veamos una situación en un ámbito diferente, por así decirlo, para poder observar puntualmente a que le adjudico la contradicción involuntaria y voluntaria. Voy a exhibir estas dos contradicciones empezando por la última, utilizando un Ej. criollo, ya que lamentablemente el gobierno florece de contradicciones pero a diferencia de las contradicciones de Franz, las del gobierno nacional están concebidas por la negligencia y la corrupción completamente voluntaria.
En el año 2002, luego de la devaluación, el gobierno provincial, quien es ese momento lo comandaba aquel “señor” risueño que firmaba zapatillas, lanzo un bono de emergencia, el Patacón, que el gobierno lo llamo Letra de Tesorería para Cancelar Obligaciones, luego vinieron otros bonos provinciales como, el lecop, pero el Patacón fue el que más impacto y fluidez tuvo en la sociedad. El gobierno se jacto de que, el mismo, era igual al equivalente del peso convertible, y siempre hizo alusión del “peso”, valga la redundancia, que tenia esa cuasi moneda; Con esta misma se pagaron en su totalidad, sueldos de empleados públicos, pero no todos los empleados públicos recibieron la misma consideración, por supuesto que los empleados que residen en el senado o en el congreso y hasta la mismísima casa rosada no la compartieron, y dudo que alguna vez un billete de esta cuasi moneda haya pasado por sus billeteras, rebalsadas de próceres del norte, sabido que no del nuestro. Logrando de esta manera una contradicción voluntaria y apañada por sus protagonistas. Este ejemplo se convierte en una contradicción involuntaria si el gobierno hubiera ordenado que no se pague, con ese bono, a los empleados públicos, y que luego, en el largo y corrupto camino de la burocracia, el rumbo de esas órdenes se desvíe, sin consentimiento de sus progenitores.
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